3/28/2011

…Y de nuestra actitud qué?...


Por: Ekhis Alayón Díaz.
Maestro en artes escénicas.


Foto: F. Galvis


















Uno de los aspectos más importantes de la poética práctica de las artes es aquél que alude al término “actitud”. A este respecto es fácil reconocer el antecedente inmediato de la crisis a la cual nos vemos abocados: valor negativo al compromiso, apariencias no equivalentes al propio esfuerzo, mediocridad en el estilo signado al discurso profeso, y la banalidad reinante en el plano determinante de la obra artística como esencia del postulado pedagógico.

La actitud de nuestros estudiantes tiene que ver directamente con la conciencia estética. No se puede concebir lo general como un lugar común y, por el contrario, se debe perpetuar la búsqueda de nuevos horizontes; nuevos renacimientos que iluminen a través de una dedicación plena  a la profesión, sin ataduras de tiempo, lugar o gobierno. En consecuencia esta actitud debe ser una adhesión de carácter ideológico, de contenido.

Dicho contenido tiende en general a negar desde la actitud toda posibilidad de creación en la que crea ver que domina sobre otros, o el principio de compromiso meramente estético, o la exigencia innovadora en la esfera de la revolución – ello incluso desde el aspecto social y político-. Así se debe demandar una actitud revolucionaria superior a la conocida en el oficio de ciudadano tanto como formada para trascender en el cambio de condiciones. Potencialmente esa misión nos confiere formular la propia ideología y difundirla mediante la praxis.

De esta manera se debe fortalecer el carácter desde la misma exigencia. Nuestro estudiante está en capacidad de singularizarse frente a la inmutable realidad del contexto ya que posee la extraordinaria filosofía de la práctica, de la vivencia; ella lentamente le ha ido forjando el requerido carácter casi sacro. El objeto arte hace del pedagogo artista su propio culto y asume la indulgencia como la esencia que siempre requiere su apasionado.  Así, la inmutable fidelidad a la vocación se hace poesía en aquella persona que ha trasegado por los bálsamos de nuestros programas académicos.

Si las condiciones se han manifestado, ¿Por qué la actitud en cumplimiento de ese suceso debe seguir siendo sólo un término y por qué aún no hay una evidencia praxeológica?...

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